A continuación les presento ocho consejos prácticos a tener en cuenta para el cuidado de nuestro medio ambiente...
1. Apaga las luces cada vez que salgas de un cuarto en donde no quede nadie, así salgas por un periodo corto de tiempo.
2. Mantén desconectados los aparatos eléctricos que no uses con frecuencia.
3. Apaga tu computadora cuando no estés usándola (no olvides apagar el monitor!!).
4. Reemplaza las luces de tu casa con lámparas de bajo consumo (ahorran energía y dinero)
5. No tires tu basura en la calle!
6. Usa el correo electrónico en vez del correo regular!
7. Usa papel reciclado.
8. Cierra el caño mientras te cepilla los dientes. Puedes usar un vaso con agua para enjuagarte.
Todos estos consejos son muy simples de implementar, tan solo requieren de anteponer el bienestar del planeta por sobre nuestra comodidad personal. Manos a la obra!
UN MEDIO SANO PARA LOS CHICOS
lunes, 8 de noviembre de 2010
HACIA UN AMBIENTE MÁS SANO
Como padres de familia, y como adultos en una sociedad atenta, hacemos todo lo posible por proteger a los niños de cualquier daño. Los vacunamos contra enfermedades, les decimos que no hablen con desconocidos, restringimos su libertad para ingerir bebidas alcohólicas o trabajar. Pero, ¿qué podemos hacer cuando el peligro acecha en el césped de un parque público o en el aire que respiran?
Casi todos los días descubrimos algo más acerca de los riesgos inherentes a los contaminantes ambientales. Sabemos que el plomo en los restos de pintura o la cerámica vidriada puede reducir el coeficiente intelectual y dañar el sistema nervioso central. Sabemos que los policlorobifenilos y las dioxinas de los incineradores municipales pueden causar cáncer y afectar el desarrollo, las funciones reproductivas y el metabolismo. Apenas recientemente descubrimos que el humo de tabaco es un factor de riesgo para el síndrome de muerte súbita del lactante. Y por cada relación que hemos podido constatar, hay decenas más que nos resultan sospechosas.
Los niños son particularmente vulnerables a los ataques ambientales. Su cuerpo cambia con rapidez, lo cual da cabida a que las sustancias químicas reviertan este proceso. Necesitan inhalar más aire —con contaminantes y todo— y, en proporción a su tamaño, absorben más residuos de plaguicidas y otros contaminantes en sus alimentos que los adultos. Los niños que viven en la pobreza corren más riesgos inclusive. Debido a que tienen poco acceso a la atención médica, a que su nutrición es deficiente y a que es más probable que vivan en zonas industriales contaminadas, estos niños son menos capaces de resistir el ataque.
Uno de los retos es evidente: los trastornos causados por el ambiente suelen ser crónicos, difíciles de tratar y más complicados de revertir. La prevención es la clave. La iniciativa sobre salud infantil y medio ambiente nos permite tomar medidas preventivas para mejorar la salud de las siguientes generaciones de padres de familia y personas que toman decisiones.
Si bien abunda la literatura sobre la elevada toxicidad de muchas sustancias químicas, tenemos poca información sobre el efecto de la exposición crónica en dosis bajas o de cómo actúan diversas sustancias químicas en combinación. Necesitamos promover la investigación científica y clínica para ayudar a los legisladores a tomar decisiones basadas en pruebas, pero también es necesario que tengamos el valor de tomar medidas preventivas mientras se obtienen más datos. De esto ya hay sólidos precedentes.
Pensemos en cómo advertimos a las mujeres embarazadas sobre la ingesta de bebidas alcohólicos, a pesar de que no sabemos gran cosa sobre el efecto del alcohol en el feto en desarrollo. Sobre estas medidas precautorias necesitamos trabajar.
Los niños son el recurso más precioso. Serán nuestra población adulta el día de mañana y ellos crearán a los niños de la siguiente generación. Protegerlos con la protección de nuestro ambiente es una doble inversión en el futuro.
Casi todos los días descubrimos algo más acerca de los riesgos inherentes a los contaminantes ambientales. Sabemos que el plomo en los restos de pintura o la cerámica vidriada puede reducir el coeficiente intelectual y dañar el sistema nervioso central. Sabemos que los policlorobifenilos y las dioxinas de los incineradores municipales pueden causar cáncer y afectar el desarrollo, las funciones reproductivas y el metabolismo. Apenas recientemente descubrimos que el humo de tabaco es un factor de riesgo para el síndrome de muerte súbita del lactante. Y por cada relación que hemos podido constatar, hay decenas más que nos resultan sospechosas.
Los niños son particularmente vulnerables a los ataques ambientales. Su cuerpo cambia con rapidez, lo cual da cabida a que las sustancias químicas reviertan este proceso. Necesitan inhalar más aire —con contaminantes y todo— y, en proporción a su tamaño, absorben más residuos de plaguicidas y otros contaminantes en sus alimentos que los adultos. Los niños que viven en la pobreza corren más riesgos inclusive. Debido a que tienen poco acceso a la atención médica, a que su nutrición es deficiente y a que es más probable que vivan en zonas industriales contaminadas, estos niños son menos capaces de resistir el ataque.
Uno de los retos es evidente: los trastornos causados por el ambiente suelen ser crónicos, difíciles de tratar y más complicados de revertir. La prevención es la clave. La iniciativa sobre salud infantil y medio ambiente nos permite tomar medidas preventivas para mejorar la salud de las siguientes generaciones de padres de familia y personas que toman decisiones.
Si bien abunda la literatura sobre la elevada toxicidad de muchas sustancias químicas, tenemos poca información sobre el efecto de la exposición crónica en dosis bajas o de cómo actúan diversas sustancias químicas en combinación. Necesitamos promover la investigación científica y clínica para ayudar a los legisladores a tomar decisiones basadas en pruebas, pero también es necesario que tengamos el valor de tomar medidas preventivas mientras se obtienen más datos. De esto ya hay sólidos precedentes.
Pensemos en cómo advertimos a las mujeres embarazadas sobre la ingesta de bebidas alcohólicos, a pesar de que no sabemos gran cosa sobre el efecto del alcohol en el feto en desarrollo. Sobre estas medidas precautorias necesitamos trabajar.
Los niños son el recurso más precioso. Serán nuestra población adulta el día de mañana y ellos crearán a los niños de la siguiente generación. Protegerlos con la protección de nuestro ambiente es una doble inversión en el futuro.
martes, 26 de octubre de 2010
CLAUDIA ALEJANDRA AZURMENDI
UN MEDIO SANO PARA LOS CHICOS, ES UN DERECHO INALIENABLE PARA QUE SE FORMEN Y DIVIERTAN EN UN AMBIENTE LIBRE DE PELIGROS
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)